Sunday, July 08, 2007

La Huella I




Huesitos.

Un golpe seco a la tierra y arrastra.
Otro al leño todavía húmedo y flexible.
El trabajo estaba cada vez mas lejos y casi siempre era destronque, algo que las maquinas no aprendieron a hacer todavía.
Otro golpe y el grito desgarrado, mezclado con un sollozo instantáneo de Simón el inmutable, el malevo, el que viajaba grandes distancias buscando pleitos antes que laburo, el que no conocía par en su destreza con el puño y el puñal y que clamaba desesperadamente por quien le diese un fin.

-¡No puede ser! ¡No puede ser!-Gritaba histérico mientras cavaba agitadamente.
Los obreros dispersos corrieron de inmediato a su encuentro.
-¡Señor!- Dijo Rosa persignándose sin parar.
-¡Llamen al patrón!- exclamó Simón sin salir del horror.
-¡No se mueva nadie! ¡Los gringo’ no entienden de estas cosa’!.-Interrumpió Pedro, a quienes pocos habían oído pronunciar frase alguna.
- Hagan sus promesa’ y vuelvan a taparlo- prosiguió con semblante firme.
- ¡Pero…son los huesos de una criaturita!-contestó Rosa, desquiciada.
-¡No!-replicó Pedro, inclinándose- Los chico’ no tienen alas…

Por alguna razón absurda, Simón pensó en su abuelo y el facón que este le regalase en sus años mozos, con mango labrado en oro y alpaca, y que había perdido hace tiempo mientras trabajaba en un obraje cerca de su lugar natal.
Paralizado, aun veía como los demás continuaban rezando en torno a los restos impecables, a los que ninguna partícula se adhería, del angelito del monte.
Pensó que tal vez murió con el, aplastado por la soberbia de quienes continuaban convirtiendo todo, en paramos yermos.
Sin abandonar la perturbación de sus mentes, los obreros volvieron a su labor luego de presentar sus respetos.

Al cabo de un rato, observaron a una figura huesuda merodeando el lugar del sepulcro. No lo vieron venir.

-Es El Primo-balbuceó alguien sin poder moverse.
-¡No hablen cagada’!-impuso Pedro nuevamente-El Primo ha desaparecío’ hace como quince años. No va’estar igual que como no’ acordámo’ d’el.

Era el primer dialogo en horas.

La figura recogió los restos en una bolsa y lo vieron marcharse, hasta que se perdió en el crepúsculo.
Nadie hizo nada. Se veía muy decidido y respetuoso. Nadie hubiese podido hacer nada.
Cada uno permaneció en su lugar una eternidad, con el alma helada.

-Te digo que era El Primo.
-Capaz.